Luis Mansera. Obituario

Por José María Ruiz del Álamo




En mágica inocencia quedó hipnotizado por el haz de luz del proyector. En mágica inocencia vivió amando al cine, al cine en el cine sin doblegarse a la televisión, porque para Luis Mansera el goce supremo era ser espectador de cine. Y a ello dedicó su libertad.
Luis era espectador de cine, el espectador que necesitaba ver todas las películas que se estrenaban, de ahí que La Guía del Ocio le acompañase las mañanas de los viernes para llevar a cabo su ruta de estrenos (cita obligada), amén de su periplo por otras salas en busca de lo no visto: un puzle que no se le resistía. Claro que el eje venía predeterminado por el programa de Filmoteca Española
.
Filmoteca fue el espacio donde encontró amistad cinéfila. Uno, desde niño, siente que la sala cinematográfica llama al apego produciendo conjunción y comunión en el silencio de la proyección. Una proyección a la que ha acudido un número de personas que han decidido ir a ese cine, a esa hora y a esa película, mas al terminar la sesión uno se desvanece. Sin embargo, en Filmoteca uno se hace y, con su presencia, Luis Mansera hacía Filmoteca, llevando su halo de discreción y timidez, que no le valió para pasar inadvertido, y ahí fue acogido en el diálogo para compartir su dulce personalidad.

Sí, Luis estaba sentado en el hall de Filmoteca tomando un pomelo y leyendo un libro (de cine, por supuesto), y allí acudías a perturbar su sosiego, y te propinaba un recibimiento cordial, lleno de amabilidad. Con Luis aprendías, apreciabas su filosofía de visionado fílmico, te dejabas guiar por sus consejos cinematográficos, amén de ser un libro abierto a la hora de aclarar cuestiones. 

Hoy recuerdo la película “El forastero”, de William Wyler, donde Walter Brennan alcanzaba el sueño de todo cinéfilo, ya que, al poseer todas las localidades, el patio de butacas era un edén. Luis alcanzó ese edén comprando solo una entrada. Muchas veces comentaba “éramos dos viendo la película” o “estaba solo”. Naturalmente, esos cines hoy también le echarán de menos. Bien recuerdo aquel martes, a las 23.00 horas, en Filmoteca, ¿qué haces por aquí a estas horas, Luis? Al cine. Pero si ponen “La orgía nocturna de los vampiros”. Ya, pero no la he visto. Y allí nos divertimos con Klimowsky.

Fue en su niñez cuando acudió por primera vez al cine, aquella proyección le dejó fascinado, tal fue la catarsis que puso por escrito aquellas emociones. Por si el hecho había sido un espejismo asistió una segunda vez, ello refrendó su idea de ser espectador. ¿Te acuerdas de la primera vez que fuiste al cine? Luis Mansera no quería ser director, ni actor, ni guionista, ni fotógrafo, ni productor, ni… Él quería ser espectador, y fue espectador: el Espectador.

Te reconocías en Luis como espectador, su reflejo alumbraba cordialidad. Él conseguía poner en valor el nominativo de espectador. Él sabía mirar.

Los amigos de Filmoteca, los amigos del cine pensaremos en ti y contigo seguiremos asistiendo a los cines a ver películas si Dios quiere.

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