Buenas intenciones

Por Marisa Díez 


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Me propongo sonreír y, si es posible, reír a carcajadas, al menos un par de veces al día. Y si tengo que llorar, que sea de risa. Así, las únicas lágrimas que resbalarán por mi cara serán esas gotas artificiales que utilizo para humedecer mi crónico ojo seco. Y si acaso me permito llorar a escondidas, lo haré como terapia para equilibrar el desajuste hormonal al que me enfrento con mayor o menor dignidad, según el momento.

Me propongo preocuparme tan solo de quien se lo merece y olvidarme de los que, poco a poco o de repente, me dejaron en la estacada. A quienes yo abandoné, seguro que tendría sobradas razones para hacerlo, ya ni pienso en ellos. Se desvanecieron en mi memoria con el paso de los años y no tengo ninguna intención de reintegrarlos en mi vida. En su día me defraudaron y ahora ya no dispongo de tanto tiempo y paciencia como entonces. Me he vuelto mucho más práctica y sé que es necesario apurar el aquí y ahora sin tantas contemplaciones ni absurdos remordimientos.

Me propongo cuidarme un poco más, quererme un poco más, incluso admirarme un poco más, al menos de cara a la galería, porque ya me fustigo lo suficiente en silencio y tampoco es cuestión de dar demasiadas pistas a quienes te quieren mal.

Me propongo seguir luchando por las causas que considero justas, sobre todo cuando observo que el mundo parece haberse dado la vuelta y algunos pretenden regresar, sin complejos, a tiempos que creíamos ya superados y juzgados por la historia.

Me propongo contrarrestar con argumentos irrebatibles los alaridos de quienes alzando la voz consideran que están en posesión de la verdad, tan solo porque gritan más fuerte. No me van a callar; cuanto más vociferen más tranquila y sosegada será mi respuesta. Pienso combatirlos desde la seguridad que se instala en mí cuando sé que estoy en lo cierto. Y, a ser posible, pillarlos de improviso para dejarlos sin defensa.

Me propongo seguir compartiendo buenos ratos con mis amigos, no dejar para mañana la cervecita que te puedas tomar hoy en tan grata compañía. No dar pie a excusas del tipo, “qué pereza, tengo frío, estoy depre, menudo catarro he pillado…”, cuando la mayoría de las veces quedarse anclada en el sofá no suele ser, ni de lejos, la mejor opción.

Me propongo seguir disfrutando de mi familia en pleno, y, ante todo, de las sorpresas con las que mi madre continúa obsequiándome a menudo en forma de recuerdos o historietas, algunas mil veces escuchadas, aunque en ocasiones escondan algún secreto jamás compartido.

Me propongo cuidar a los que están lejos, no escatimarles pequeños detalles, ésos que tanto se magnifican en la distancia y que tan poco esfuerzo nos suponen. Muestras de cariño sin motivo aparente; mensajes o llamadas injustificadas en cualquier momento o lugar, siempre que la diferencia horaria no se convierta en un obstáculo insalvable.

Me propongo incluso escribir una lista personalizada de propósitos para cada día del nuevo año. Ya sé que la mayoría se quedarán en el limbo de los deseos irrealizables e incumplidos, así que, en contrapartida, me reservo también la posibilidad de ejercer sobre quien corresponda alguna que otra pequeña maldad. Conozco mis limitaciones y sé que tampoco soy tan buena persona como aparento. Además, me empalaga tanto propósito exquisito y tanto fair play. Es aburridísimo. ¿Qué sería la vida si no existiera la satisfacción que te producen las pequeñas venganzas? Darte la vuelta y sonreír mientras dejas a tu espalda, hundida y derrotada, la que consideras verdadera causa de todas tus desdichas. Como propósito no está nada mal. Me lo voy a apuntar en el primer lugar de la lista.







2 comentarios:


  1. Me apunto a todo menos al tercer párrafo,ese me da mucha pereza
    De lo mejor que as escrito; y as escrito cosas muy buenas
    Y no es porque me compres aceite; aunque nunca se sabe . El subconciente tiene esas cosas

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  2. Menos mal que me has dado la pista del aceite, no tenia ni idea de quién eras. Pero no sé por qué te da pereza eso de quererte un poco más, tú también deberías hacerlo. Gracias, cuñaoooo.

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