Juguetes rotos



Por José María Ruiz


Con Pippi lo pasábamos pipa.
Y en el leer me hallaba (más propio sería escribir “leyendo me encontraba”, claro que el bolígrafo ha tenido este capricho), cuando a la mente vino y sobrevino (parece lo mismo, pero tiene un matiz que no sobra) la idea para las siguientes líneas más allá del primer párrafo.

Cabe dar cuenta, tras el punto y aparte, de la lectura provocadora de la presente ¿reflexión?, y su contexto sobre el proceso de la mente, tanto para bien como para mal (respuesta que otorgará el lector). El libro Mitos y malditos, de Manuel Espín, con el subtítulo Al infierno en clase VIP, avanza y clarifica hechos, pues el autor ejemplifica, a través del mundo del cine, haciendo hincapié en actores y actrices, cómo la mente entrona y lapida (ensalza y repudia), cómo unas personas fueron presente y quedaron en el pasado sin futuro (hasta el olvido llegó para alguno/a).

No es mi intención sacar a las estrellas de la pantalla, como alumbra Espín en su obra, mostrándoles entre alcoholes y drogas varias, viajes a miserias, profundas oscuridades… Figuras como Errol Flynn, Bela Lugosi, Buster Keaton (en el apartado masculino) o Veronica Lake, Sylvia Kristel o Arletty (en la vena femenina) quedan retratados sin ambages… Prosa nada poética, prosa para juguetes rotos.

No nacen los sonetos en mi escritura. Porque en ello estaba, leyendo el susodicho libro, cuando vine a ver, en Filmoteca Española, la película Pippi lo pasa pipa. ¡A mis años y viendo a Pippi! Pues sí (el día que llegue a la madurez ya lo comentaré). Pero, a vosotros lectores, ¿qué habéis sentido al leer la palabra “Pippi”? ¿Teníais olvidada a Pippi? ¿Cómo ha sido este breve reencuentro? ¿Un flash?

En un momento Pippi se ha hecho presente, un presente limpio, como limpias se presentaron las risas de los niños ante ese visionado. Juguetes limpios, juguetes que hemos olvidado, bien lo demuestra la película Juguetes rotos (1966), de Manuel Summers. Allí nos presenta, entre otros, el caso de Gorostiza, un futbolista que durante años fue capitán del Athletic de Bilbao que incluso llegó a jugar con la selección española, y terminó sus días viviendo en una residencia de auxilio social. El olvido cayó sobre él.

No hay que irse tan lejos en el tiempo, los juguetes rotos se siguen produciendo, aunque estos sean limpios, véase la indigencia que provocó la guerra de los Balcanes en la figura de Mirza Delibasic, jugador de baloncesto del Real Madrid y de la selección yugoslava. También puede citarse a Puskas, futbolista del Real Madrid y de la selección española, que en la penuria y con alzheimer vivió sus últimos años.

Más recientemente encontramos a Nadiuska, una vez explotada su sexualidad durante los años de la transición vinieron a cerrársele las puertas: la indigencia llegó a su vida. La película Los años desnudos (2008), de Dunia Ayaso y Félix Sabroso, evoca a las actrices del cine S español. Actrices que desaparecieron de las pantallas cuando este género dio sus últimos coletazos. Andrea Albani murió por el virus del Sida y Concha Valero tuvo que dirigir sus pasos hacia el mundo del doblaje.

Recuerdo y olvido… Olvido de alzheimer, Carmen Sevilla y Rafaela Aparicio. Olvida el espectador cuando un rostro no asoma a las pantallas, aunque se posea algún Goya, ubíquese en este apartado a Ruth Gabriel, una maravilla en Días contados (1994), de Imanol Uribe; o Marieta Orozco, primavera transmitía en Barrio (1998), de Fernando León de Aranoa… Recuerdo, el que profesa Filmoteca Española a las figuras cinematográficas muertas. Así en el pasado mes de junio se rindió homenaje a Lina Morgan y Marujita Díaz, actrices que se hicieron presente rescatándolas del más allá.

Hoy nos alcanza el recuerdo ante el próximo estreno de la película Heidi (2015), de Alain Gsponer. Heidi y Pippi, pareja infantil, pareja de nuestra infancia… Claro que el término “juguete roto” solo cabe aplicarlo a las personas, no a los personajes, aunque hayamos reconstruido al personaje desde el olvido. Por ello sería la actriz que interpreta a Pippi la figura que conllevaría la rotura del juguete. En olvido (en mi olvido) se encuentra hoy esa “niña”: Inger Nilsson. ¿Tiene que caer en desgracia o es el olvido suficiente elemento para aplicar el término sobre el que estamos pivotando? ¿Hay juguetes que se rompen limpiamente?

Si estos ejemplos son a escala social, bien pueden extrapolarse al terreno individual, ya que en nuestro vivir hemos venido a encumbrar y olvidar. Somos hacedores de juguetes, somos recuerdos olvidados. ¿Cuántos juguetes se han roto en nuestra vida? ¿Cuántos juguetes hemos roto? ¿Somos un juguete roto?

2 comentarios:

  1. Me ha encantado la idea de volver a reflotar esos mitos a pique, de volver a salvar aquellos artistas caídos en desgracia y de hacer una mención de honor para todos ellos. Sí señor. Un Abrazo, Jose. Sigue escribiendo así de bien e inspíranos!!!

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  2. Sí, amigo Bernardo, es lo que tiene la memoria, que es frágil, bien ensalza rápidamente, bien lápida rápidamente, y en el mundo del espectáculo resulta visible este hecho, ya no tanto en nuestra vida cotidiana, de la cual, mirando en derredor, bien se pueden encontrar casos parecidos.
    Un abrazote, Bernardo.

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